Te despiertas. El Sol te acaricia la cara con sus rayos, que entran a través del cristal. Todo es perfecto, un día sin demasiadas obligaciones, con muchos planes por delante, con mucha vida que vivir y ajena totalmente a lo que se avecina.
Entorno a las 9 de la tarde te despiertas otra vez. Esta vez no estabas dormida. Esta vez algo sucede que te hace darte cuenta de que has vivido (con suerte) un 20 por ciento de tu vida y aún todo te da vértigo. Supongo que será algún tipo de crisis, la de los 20, pero algo pasa que te hace CRECER.
Que no os engañen: crecer es un engaño, una trampa.
Y no sé por qué os cuento esto. Tal vez porque es una putada darse cuenta de lo que puede cambiar la vida en cuestión de segundos, porque me apetezca deciros que no sé que viene ahora y que hasta yo estoy intrigada por saber cual será el próximo capítulo de mi vida. O tal vez porque os estoy cogiendo cariño. Creo que es más bien esto último.
Este fue uno de esos días en que todo te da igual, si creces como si no. Se acercaba el verano, y nada podía perturbar tu vida. NADA. Todo era deliciosamente perfecto. Hasta la luz hacía que el escenario fuera ideal.
- Me han invitado a los Desayunos Informativos de la Pasarela de CyL. ¿Vienes conmigo no?
- Vale, y... ¿Qué nos ponemos? Jajajaja
(Con cualquier cosa aquel día estábamos preciosas. Eramos felices. Somos chicas de verano).
Y nos lo pasamos tan bien, juntas, que fardamos de moda de nuestra Comunidad. Ahí va la foto con Fely Campo (qué encanto y que paciencia para atender nuestras opiniones)
Y... Se acabó. Ese día crecimos, como crecemos todos. En edad, en vivencias, en amor. No os engañéis, sigo opinando que crecer es una trampa, pero mejor dejarse llevar por lo inevitable y crecer, sin sobrepasar nunca la barrera de los 17 ;)
Mil gracias por leerme (hasta mis tonterías, como ésta) sois amor.




